Baldomero Rodríguez: “El sacerdote debe ser un líder en el servicio”

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Baldomero Rodríguez: “El sacerdote debe ser un líder en el servicio”

Recuperamos aquí la entrevista publicada en Vida Nueva que el pasado 30 de mayo realizó José Luis Celada al sacerdote onubense Baldomero Rodríguez Carrasco (1940), vicario general de la diócesis de Huelva y autor de La comunidad parroquial, un Perfil pastoral de la parroquia y del sacerdote pastor con Material para la reflexión y el trabajo en grupo acerca de esta realidad eclesial.

P: ¿Ha perdido la parroquia su sentido de comunidad hasta convertirse en una especie de “dispensario” de sacramentos?

R: El sentido de “comunidad” es tan esencial a la naturaleza de la parroquia que es, teológicamente, inseparable. Ahora bien, la praxis pastoral “en” y “desde” la parroquia no siempre ha respondido a esa dimensión comunitaria eclesial. Así, bastantes parroquias son “dispensarios de sacramentos” o, como dice el papa Francisco, “simple administración”.

P: ¿Hasta qué punto las celebraciones, las homilías… crean parroquia?

R: La atención de los últimos papas a la Palabra de Dios –en concreto, a la homilía– es un claro signo de que se ha desnaturalizado su finalidad. Más que iluminar la vida desde la Palabra e introducir a la comunidad en el Misterio de la Eucaristía, las homilías han sido, a veces, “discursos” cansinos. En cuanto a las celebraciones, hay que lamentar los casos en que los ritos están vacíos de significado y de sacramentalidad. Mientras la celebración del Día del Señor siga teniendo como único fundamento el simple “cumplimiento del precepto”, y no se eduque la necesidad de celebrar comunitariamente el acontecimiento pascual semanal, no se estará haciendo comunidad parroquial.

P: ¿Qué se necesita para dar el paso de una pastoral de conservación a una pastoral de misión?

R: No es nada fácil darlo. Aun siendo muy bien acogido el proyecto de la pastoral misionera, no se dan los pasos necesarios hacia el cambio. Para romper el hielo de esta pasividad, al menos, habría que tener en cuenta estas exigencias: a) tomar conciencia de que estamos inmersos en una pastoral de mantenimiento que es necesario superar; b) asumir la “pastoral de misión” y sus consecuencias: toda conversión supone desarraigo; y c) la opción misionera debiera ser una toma de postura diocesana. No pueden ser las parroquias “reinos de taifa”. El compromiso de la pastoral misionera debe ser de la diócesis.

P: ¿Qué papel está llamado a jugar el sacerdote en la necesaria revitalización de la vida parroquial? ¿Qué debería primar: su liderazgo o su vocación de servicio?

R: El sacerdote es pastor de la comunidad parroquial y es constituido por el sacramento en presidente de la misma con “autoridad espiritual”. Por tanto, su papel es fundamental para revitalizar la parroquia. En este sentido, debe ser un “líder en el servicio”. El riesgo es convertir la “autoridad espiritual”, que se ordena al ministerio sacramental y pastoral, en autoridad social –autoritarismo, despotismo–, marginando todo sentido de corresponsabilidad, participación y colegialidad en el servicio y ejercicio pastoral. El sacerdote no es para sí, sino para servir a la comunidad.

P: ¿En qué medida Francisco está contribuyendo a relanzar la pastoral parroquial?

R: Su sencillez, sus gestos de cercanía, sus mensajes explícitos e implícitos sobre el modo de ser “pastor”, etc. están introduciendo un nuevo estilo de relación pastoral. De hecho, el mismo Papa, en su exhortación Evangelii gaudium, invita a una nueva etapa evangelizadora y propone nuevos caminos para el futuro. Está claro que la parroquia debe quedar integrada en esta clave de renovación. Aislarse de este dinamismo pastoral supondría retardar aún más la exigencia de esa conversión pastoral.