Papa Francisco, catequista... hasta con los curas

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HERMINIO OTERO.- El pasado 12 de junio, el papa Francisco intervino en el III Retiro mundial de sacerdotes (vídeo completo, aquí). Pero hay un fragmento de algo más de tres minutos (a partir del minuto 10’10”) que podemos considerar como ejemplo de una breve y completa catequesis. En ella nos centramos.

Transcribimos sus palabras y después comentamos lo que hay detrás de ellas. Volvemos así a presentar al papa como gran catequista, como ya hicimos en este blog en otra ocasión.

Las palabras del papa

Estas son las palabras que el papa dirigía a los sacerdotes, un público nada fácil. Incluimos solo los números para hacer después referencia a ellos.

“Hay una linda canción [1] del padre Lucas Casaert, que suelen cantar ustedes, los espiritistas [2]. Es un misionero belga en Bolivia, desde hace más de 50 años, un enamorado de Jesús [3], que se llama ‘Qué detalle Señor, has tenido conmigo’ [4]: ‘Qué detalle Señor has tenido conmigo cuando me llamaste, cuando me elegiste,
cuando me dijiste que tú eras mi amigo. Qué alegría yo siento cuando digo tu nombre,
qué sosiego me inunda cuando oigo tu voz,
qué emoción me estremece cuando escucho en silencio
tu palabra que aviva mi silencio interior... [5]’. No sé si ustedes la saben [6].

Y les hago una pregunta [7], pero no la respondan en voz alta [8]: cuando están solos, cuando están cansados, cuando están con tentaciones encima, cuando alguno de ustedes se enamoró… ¿es capaz de ir al sagrario y cantárselo al Señor…? Ninguno conteste [8].

Pero no se olviden. En los peores momentos, cuando estén peleados con el Señor…, o cuando le hayan sido infieles al Señor [9], no tengan miedo: acérquense al sagrario… y cántensela de nuevo [10].

En todos esos momentos, decirle al Señor: ‘Soy una porquería… Mira lo que hice, mira que sufro, mira lo que paso…’. Y decírselo: ‘Pero vos tuviste un detalle…’. Y dejen que las lágrimas corran [11]. Ese será un momento de gran santidad aunque estén en pecado mortal, porque los perdona allí porque es un diálogo de amor… [12] Y después van al pobre cura confesor, que les limpie la chimenea, ¿no es cierto? [13]

Pero sepan cantarle al Señor, que un día les dijo ‘Ustedes no son siervos; son amigos…’. ‘Vos me dijiste amigo a mí… ¡Qué detalle, Señor!’”. [14]

El papa catequista

¿Qué hay detrás de esas sencillas y breves palabras, casi todas improvisadas? Muchos elementos que convierten a ese fragmento en un ejemplo de una auténtica catequesis. Damos cuenta de algunos de ellos:

1. Usa una canción, un recurso catequético importante. Y entra directamente en el tema, sin rodeos.

2. La introducción la hace con humor: les llama “los espiritistas” (todos se ríen), ¿en vez de “los espiritualistas”?

3. Presenta y contextualiza al autor: destaca a la persona. Y en pocas palabras dice mucho de él.

4. Como recurso, usa el contenido de una canción, que además es un corrido. [Se pueden escuchar distintas versiones y, en otras, esta; aunque hay muchas más]

5. Recuerda el contenido de la letra, elegido a propósito, pues solo dice el estribillo y la tercera letra.

6. Después de leer la letra, implica a los oyentes de manera directa y contundente. Y los de habla hispana comienzan a cantarla ante la leve insinuación de sus manos, que se ponen a dirigir. El papa está sentado, pero comunica con todo el cuerpo.

7. Usa la pedagogía de la pregunta: cuestiona a cada uno pidiendo una respuesta personal.

8. Pero avisa de que no es una pregunta para responder en público o en voz alta; es una pregunta personal: su respuesta puede ser más sincera y profunda.

9. Después continúa: no lee, sino que improvisa con sus propias palabras hablando de situaciones concretas.

10. Y hace propuestas concretas.

11. Muestra un proceso en pocas palabras: decir lo negativo, soñar con lo positivo, expresar sentimientos...

12. Sintetiza en dos palabras lo que supone el perdón y cómo se logra.

13. Recuerda la forma de alcanzar el perdón con un símil maravilloso y de fácil intelección, sin explicar más.

14. Y hace un cierre maravilloso con una invitación a actuar siempre así.

Y todo ello en poco más de tres minutos. ¡Qué buen ejemplo! ¡Qué gran lección!

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