Elogio de la minoridad

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PEDRO BARRADO.- Según el Diccionario de la RAE, "minoridad" tiene que ver con la minoría de edad. Sin embargo, la minoridad es un concepto de mucha mayor relevancia por ejemplo en el mundo franciscano, que con ese término se refiere a la pobreza interior, la humildad de corazón, vivir sin nada propio, etc., todas ellas realidades fundamentales y básicas para los hijos de Francisco y de Clara.

Hoy traemos aquí la "minoridad" por algo que tiene que ver directamente con el mundo editorial. Me explico. No es infrecuente que bastantes autores que tienen libros en proceso de publicación soliciten que determinados términos de sus textos vayan en mayúsculas; términos tales como "eucaristía", "bautismo", "pasión" (referida a Cristo), "resurrección", "encarnación", "misa", los pronombres personales "tú" o "él" cuando se refieren a Dios, etc.

A mi modo de ver, el asunto de las mayúsculas debería ser cuestión exclusivamente de ortografía o del estilo propio que asuma la editorial (en este caso, con mayor o menor restricción en el uso de mayúsculas). Sospecho que el afán por destacar algunas palabras singularizándolas con las versales de inicio obedece al deseo de "sacralizar" las realidades que designan o de darles la importancia que la persona considera que merecen. Dicho llanamente: que la eucaristía con mayúscula, por ejemplo, es más eucaristía que si va sin ella. Sin duda se trata de un deseo legítimo y bienintencionado, pero que, en mi opinión, se encuentra "fuera de cacho", como se diría en argot taurino.

Es verdad que la cuestión no es nueva. Ya en los papiros cristianos más antiguos, algunos del siglo II, los copistas tenían por costumbre destacar algunas palabras, sin duda para realzarlas. Ellos lo hicieron con las herramientas que tenían a su alcance: usaron abreviaturas –escribiendo las primeras letras de la palabra o la primera y la última– y las señalaron con una raya en la parte superior. Lo hicieron con términos como "hijo", "padre", "cielo", "cruz" o nombres como "Jesús", "Cristo" o "María". Esto es lo que se conoce como nomina sacra o nombres sagrados. Estos nomina sacra aún se pueden reconocer en los iconos orientales. Así, por ejemplo, a los lados del rostro de Jesús aparece IC XC, "Jesús Cristo", o flanqueando el de María, MP ΘY, "Madre [de] Dios".

Sin embargo, y ya puestos a ir más allá de lo puramente ortográfico o gramatical, el uso de mayúsculas para términos que de suyo no lo necesitan –o cuando estrictamente no lo necesiten– podría contemplarse como una práctica que iría en contra de esa "minoridad" que rezuma el evangelio por todos sus poros. No se puede olvidar que, cuando al Señor le preguntaron sus discípulos quién era el mayor en el reino de los cielos, tomó a un niño –un "menor"–, lo puso en medio de ellos y les dijo: "En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí" (Mt 18,3-5).

Si estamos de acuerdo en que la "minoridad" no es cosa solo de los franciscanos, sino que tendría que ser preocupación de todo cristiano, entonces, ¿por qué empeñarnos en trasladar al mundo de la grafía mayúsculas que lo que hacen es encumbrar o empingorotar las palabras? ¿Por qué no "empequeñecerlas", para que puedan ponerse humilde y evangélicamente en actitud de servicio, como hizo el Señor?

 

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